26/2/19

Non é só un día: En Biblioarzúa, dedicamos algún tempo máis ao papel das mulleres na Ciencia (IV): Jane Goodall


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LA NOCHE EN LA SELVA TANZANICA 






Un relato de Manuela Naveiro Roca: 
2º ESO A 
dedicado a Jane Goodall 



El sol brillaba con fuerza en el cielo,su color cobrizo era capaz de encandilar a cualquier ser vivo, tan cautivador y hermoso como el lugar en el que me encuentro, estoy fascinada por él pero, debo saber que aquí existen animales tan aterradores que son inimaginables para el ser humano, mi único propósito es salir de aquí lo más rápido posible y regresar a mi hogar, donde puede que mi familia esté esperándome,mas,lo que  no sabía era que mi viaje se retrasaría debido a un incidente.

Emprendí el camino hacia un sitio en el que pudiera pasar la noche tranquilamente, llegué a una laguna de aguas cristalinas que se mecían con una suave brisa,que provocaba la formación de pequeños surcos en el agua.

De improviso, avisté un gran árbol con ramas muy anchas, era considerablemente alto, pero no me preocupaba ya que había escalado con anterioridad muros de  gran altitud. 

Me encontraba en el tronco del árbol y estaba completamente asombrada ante la grandiosidad de la naturaleza. Escalé sin mayor dificultad hasta la copa y allí, en las alturas, pasé un buen rato contemplando el cielo y la luna que esa noche desprendía un brillo descomunal, pero elegante al mismo tiempo.

Estaba cansada, así que no tardé mucho tiempo en conciliar el sueño. Habrían pasado tres o cuatro horas cuando escuché un estridente sonido procedente del este que parecía buscar auxilio de alguien urgentemente.

Bajé del árbol a una velocidad vertiginosa pues esta sería mi primera incidencia en la selva tanzánica y sabía que no podría dormir hasta haber socorrido al ser que me solicitaba. Gracias a que la criatura seguía chillando alcancé y me situé rápidamente en el sitio.

Lo que vi pudo ser lo más horripilante de todos los mundos conocidos, pues una Mamba Negra estaba a punto de morder sin piedad alguna a un pobre chimpancé.

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En ese momento sentí un impulso y rebusqué en mi mochila pero, no encontré nada útil para esta situación, observé una liana, cogí un objeto afilado y me lancé hacia la gran serpiente que parecía imparable, cerré los ojos y, después de este suceso me encontré rodeada de un gran número de primates que  aplaudían alegremente, miré hacia todos lados y a mis pies encontré a la gran Mamba Negra, inerte.

Y el chimpancé en brazos de su madre, quien acariciaba con nerviosismo el sedoso pelaje de su sucesor.Luego el pequeño chimpancé, me observó con admiración y me dio un abrazo, en ese momento me di cuenta de que no hay tanta diferencia entre humano y chimpancé psicológicamente. 

Ellos me guiaron por la selva y me proporcionaron agua cuando fue necesario, por ese motivo siempre les estaré eternamente agradecida. Ellos fueron mis mejores amigos en este intenso viaje lleno de emociones. Me llevaron hasta un puerto desde el que embarqué rumbo a Nueva York.

Después de ese viaje mi manera de pensar y de accionar cambió radicalmente, pues aprendí que la naturaleza es tan sabia y tan compleja que ningún ser vivo sería capaz de comprenderla nunca.

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