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30/11/08

A historia dos números árabes...



Gustariame que leses atentamente esta histoira de Juan José Millas e Antonio Fraguas "Forges" sobre a historia dos números árabes, e tamén me gustaría que me comentasedes a que vos soa???
"Europa era un lugar sin números, aunque con muchas letras. Sus habitantes no sabían cuantas, puesto que carecían de números para contarlas. Tampoco sabían el número de piernas ni de ojos, ni de brazos, ni de dedos que tenían. En las escuelas, cuando los profesores preguntaban a los niños cuántos dedos tenían, ellos decían:
-Varios.
-¿Y cuántos dientes?
-Varios.
¿Y cuántos ojos teneis en el pecho?
-Ninguno.
Sólo sabían decir "varios" y "ninguno". Hacían preguntas absurdas, como las de los ojos o los pelos, para dar la impresión de que sabían contar.
Cuando las madres mandaban a sus hijos a la tienda para hacer recados, si ellos preguntaban cuántas patatas o magdalenas debían comprar, las madres decían:
-Varias.
-¿Y cuántos pulmones de acero?
-Ninguno.
La gente no cumplían años, sin varios años, o ningún siglo. Si en las entrevistas de trabajo te preguntaban cuántos años tenías, la contestación correcta era:
-Varios
-¿Y siglos?
-Ninguno.
Los sabios dijeron a las autoridades que no se podía continuar así, porque para entender la realidad es preciso contarla, o numerarla. Entonces inventaron los números romanos que están hechos de letras mayúsculas. Así la I quería decir uno; la V, cinco; la X diez; la L, cincuenta y la M mil. No es que fuera fácil contar y numerar con números romanos, pero eran mejor que nada.
-Yo tento XXX años.
-Yo quiero V kilos de patatas.
-Pedro me ha quitado VI cromos.
-A mi hijo le han salido XV granos en la cara.
Entre tanto, había en África unos números árabes muy fáciles de entender y muy prácticos para contar y para numerar las cosas, que al enterarse de las dificultades europeas decidieron emigrar en busca de un trabajo aritmético digno. La mayoría de ellos viajaron, por falta de medios, apiñados en pequeñas embarcaciones, llamadas pateras, que con frecuencia naufragaban antes de alcanzar la costa, condenando a los números y númeras árabes a perecer en medio de horribles sufrimientos. Algunas de estas númeras estaban embarazadas y sus hijos jamás verían la luz. Los que lograban alcanzar la costa taenían que huír de los números romanos, que les llamaban extranjeros o moros, despectivamente y los perseguían con leyes y palos. Pero los números árabes estaban convencidos de que eran más útiles que los números romanos y no dejaban de llegar en busca de una vida mejor para si mismos y para sus descendientes.
La población, al ver que era tan fácil contar o numerar con ellos las cosas, empezó a usarlos sin importarle lo que dijeran las leyes.
-Hijo vete a la tienda y compra dos botellas de leche y 3 barras de pan.
-Mi padre ha cumplido 42 años.
-El día tiene 24 horas y el año 365 días.
-Me debes 7 cromos.
-Pues yo tengo 2 ojos en la cara.
Los números romanos comprendieron que su tiempo había pasado y negociaron ser utilizados para la base de los monumentos, donde llevan una vida muy feliz y son muy respetados.
Hoy la mayoría de la gente no sabe que los números que utiliza son árabes. A nadie en su sano juicio se le ocurriría no usarlos porque son extranjeros. Aunque la pregunta correcta es: ¿son de verdad extranjeros? ¿Qué rayos significa ser extranjero?"

... Del libro números pares, impares e idiotas...

7/6/08

Intelixencia, sensatez e poder

A través de "A nosa biblioteca" fai tempo que descubrín un blog fantástico que me gusta mirar de cando en vez: "Los minicuentos" de Braulio LLamero, e hoxe pasando un estupendo rato lendo neles gustoume un especialmente que vos traio aquí, aínda que vos recomendo que pasedes por ese blog hai minicontos moi curiosos, que teñen a súa miga..., o da vaca tamén é moi bó.

Ante la cercanía de su muerte, un rey mandó llamar a sus tres hijos.
-Solo uno de vosotros me puede heredar. Puede hacerlo el mayor, por tener más edad. Puede ser el segundo, por ser el más sensato. O quizá deba ser el tercero, por ser el más inteligente. Pero antes de tomar mi decisión, quiero saber lo que pensáis.
El más pequeño, inteligente como era, se puso a meditar sobre el aparente enigma. El del medio, con su habitual sensatez, consideró que no convenía precipitarse en la respuesta. El mayor, carente de inteligencia y de sensatez, desenvainó la espada y mató a los dos.
-¿Cuál era la pregunta?

El rey suspiró:
-Me temo que la lógica del poder aborrece la inteligencia y desconfía de la sensatez.
Y se apresuró a fallecer, por si su ya único hijo no podía esperar.

8/12/07

O mundo das letras e os dereitos humanos

La Aventura Humana
Osset Hernández, M.
Ed. Icaria, Barcelona, 2005.
Recompilación de trinta contos populares que corresponden a cada un dos artigos da Declaración Universal dos Dereitos Humanos de 1948. O autor quere amosar que en calquera tradición existe a lo menos un conto que é posible utilizar para transmitir os valores que enuncian os dereitos humanos polo tanto forma parte do acervo colectivo da humanidade.

Neste libro atoparedes os seguintes contos:
Afgano: Hussun Banu
Amazónico: La justicia de Tupá
Árabe: Sherezade
Bereber: Un docto cadáver
Bretón: Cantos de boda
Castelán: Blancaflor
Catalán: El conejo, el gallo, el gato, el perro y el carnero
Chinés: Liang Sanbo y Zhu Yingtai
Congoleño: Nkolle o la aventura humana
Coreano: La liebre y el hígado

Cubano: Bregantino, Bregantín
Exipcio: El león y el gato
Xitano: El origen del violín
Grego: Prometeo y la caja de Pandora

Guineano: El hijo del cocodrilo
Hindú: El bueno y
el malo
Huichol: El diluvio
Indoeuropeo: El hombre que quería robar a su compañero
Irlandés: El juicio del gato

Letón: El hombre-oso
Malí: Un bastardo
Masai: Los frutos del sicomoro
Mexicano: Xicoatl, estrella errante

Nepalí: Lalari y Kusuri; Khoktschulukpa y el nacimiento de la cultura
quechua: El cuento de Pedro Lache
saharaui: El honor

sioux: El águila y el cazador
tibetano: La hija de los dragones
vasco: Catorce

... que os disfrutedes e vos aporten a súa maxia.


CITAS

"La violencia es el último recurso del incompetente". (Isaac Asimov)

"Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego". (Gandhi)

"La violencia es el miedo a los ideales de los demás". (Gandhi)

"No hay camino para la paz, la paz es el camino". (Gandhi)

"No hay más calma que la engendrada por la razón". (Séneca)

"La verdad no está de parte de quién más grite". (Rabindranath Tagore)

"El racismo ha sido históricamente una bandera para justificar las empresas de expansión, conquista, colonización y dominación y ha marchado de la mano de la intolerancia, la injusticia y la violencia". (Rigoberta Menchú)

"Los derechos humanos son sus derechos. Tómenlos, defiéndanlos, promuévanlos, entiéndanlos e insistan en ellos. Nútranlos y enriquézcanlos... Son lo mejor de nosotros. Denles vida". (Kofi Annan)

"Toda sociedade que pretenda asegurar aos homes a liberdade, debe comezar por garantirlles a existencia". (León Blum)

"Mentres a maioría dos homes non sexa libre, non se pode concibir ao home libre". (Henri-Frédéric Amaniel)

"Descubrir aos outros é descubrir unha relación, non unha barreira". (Claude Lévy-Strauss)

"A liberdade non é máis que a oportunidade de ser mellor". (Albert Camus)

29/9/07

El verdadero valor del anillo

Si os gusta leer cuentos, os recomiendo la lectura del libro Déjame que te cuente..., de Jorge Bucay, del que e seleccionado uno de mis preferidos. ¡Qué disfrutéis de la lectura!



-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante torpe. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo: "Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después...". Y, haciendo una pausa, agregó: "Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar".
-E... encantado, maestro - titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien - continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió- : "Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas".
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.
Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo - contestó sonriente el maestro. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico: -Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? - exclamó el joven.
-Sí- replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate - dijo el maestro después de escucharlo- . Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

"Los minicuentos" que nos regala Antonio

A través de "A nosa biblioteca" e do seu director de orquestra José Antonio Alonso Martín, descubrín este fermoso blog de "Los minicuentos" de Braulio Llamero e gustoume tanto o afán de superación do saltamontes, que pensei que podía ser un bo exemplo para compartir con todos e todas: "Ánimo, nunca superaremos obstáculos senón o intentamos con gañas e con entrenamento"

Esto era un saltamontes que de mayor quería ser saltamontañas.
-Pero, bueno, ¿qué dices? Todos somos lo que nacemos y nos tenemos que conformar -le decían familiares y amigos.
La tesis deprimía mucho al saltamontes ambicioso.
-Si pensamos así, jamás vamos a prosperar.
Y sequía entrenando como el que más.

Moitas grazas a Antonio e o seu equipo por aportar cousas tan bonitas como esta.